El pronóstico para el Clásico parecía claro días atrás en favor de un Barcelona que cantaba por goleadas allá donde iba, pero algo había cambiado en la última semana: cierto runrún tras la derrota ante el PSG y las convincentes victorias del Madrid ante Sevilla y Leipzig que alertaba de posibles sorpresas. Algo cambió en el club blanco tras la remontada en Roma, como si el alma hubiera regresado al equipo tras tomarse unas largas vacaciones. Lo visto en el Camp Nou parece confirmar este regreso: una victoria trabajada, una victoria de equipo, algo que se había echado en falta en otras ocasiones. De otra forma hubiera sido imposible.
Y eso que amanecía el Madrid con una mala noticia que traía el pesimismo a la hinchada: la baja de Courtois por gripe. Lunin ocupó su lugar y lo hizo con nota: cuando tuvo que intervenir, lo hizo acertadamente, principalmente con una parada de museo a cabezazo de Gerard Martín en la segunda parte. Pero lo más importante es que no tuvo tanto trabajo como pudiera haberse adivinado antes del choque, lo que habla a las claras del gran trabajo del entramado defensivo del Madrid durante el partido.
La primera parte fue igualada: con Bernardo y Guler en el campo, el Madrid trató de discutirle el balón al Barcelona y lo logró durante varios tramos. El once que sacó Mourinho era una declaración de intenciones. Cuando no lo tuvo, el Madrid fue ejemplar: Tchouaméni dignificó la profesión de stopper, Konaté y Huijsen se mostraron infranqueables en el centro de la zaga y Cucurella fue una pesadilla para Lamine Yamal. Licenciado en “el otro fútbol”, que diría Camacho, seguramente el extremo azulgrana tendrá pesadillas con el ex del Chelsea, que no tuvo un cálido recibimiento en el Camp Nou como era de esperar.
Pero la defensa no era cosa sólo de los de atrás: Bernardo se vació en el medio, Bellingham hizo un gran trabajo además de dificultar la salida a Rodri y Guler y Diomande ayudaban en sus flancos. No siempre era suficiente para frenar el caudal ofensivo de los de Flick, pero dejaron la portería a cero y se fueron además al descanso con un gol de ventaja, gracias a que Mbappé estaba en el lugar correcto para marcar de rebote un mal despeje de Gerard Martín: un 0-1 que fue un mazazo para el rival, y pudieron ser dos si Diomande hubiera atinado más una clara ocasión que tuvo poco después. Por parte culé, también Lamine estuvo muy cerca del gol, pero no era su noche.
La segunda parte fue diferente: el Barcelona monopolizó el balón para buscar la remontada. Guiados por Pedri, el partido se jugó en campo madridista como si se hubiera inclinado el césped del Camp Nou. Consiguió igualar fuerzas con gol de Raphinha, que no estaba muy participativo pero apareció cuando tocaba. Le faltó al Madrid encontrar más a Guler para lanzar al equipo, que trataba de salir al contragolpe. También le faltaron alternativas en el banquillo para guardar el balón, pero ya habrá tiempo de pensar en eso.
Pintaba a asedio culé para certificar la remontada, pero en esas apareció Camavinga, que había entrado unos minutos antes: tras una gran acción de Bellingham, cedió al francés que se lanzó hacia delante, se deshizo de Cubarsí en un alarde de fuerza y velocidad y cedió atrás para la llegada de Mbappé, que marcaba el segundo cuando más falta hacía. Camavinga, jugador que agradece levar anclas y soltarse hacia adelante, resultó protagonista inesperado. A Mbappé sí se le esperaba y no decepcionó: puede que no fuera su partido más brillante, pero fue estilete con dos goles ante una de sus víctimas predilectas como es el Barcelona.
El 1-2 final achica la clasificación en lo más alto y cambia sensaciones: llegan las dudas a un Barcelona que iba lanzado pero que perdió ante dos rivales directos como son el PSG y el club blanco. Por su parte, el Madrid da un golpe en la mesa: capearon el temporal azulgrana y remaron juntos hacia una victoria coral para certificar que, otra vez, está de vuelta.

